Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): cuando la preocupación no se apaga
La ansiedad es una emoción natural que nos ayuda a reaccionar ante situaciones de peligro o incertidumbre. Sin embargo, cuando la preocupación se vuelve constante, intensa y difícil de controlar, puede transformarse en algo más que un simple estado emocional: puede tratarse de un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).
En consulta, muchas personas describen esta sensación como “vivir con el cuerpo en alerta todo el tiempo” o “sentir que mi mente no se detiene nunca”.
¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada?
El TAG se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente ante diferentes aspectos de la vida diaria —trabajo, salud, familia, economía o incluso situaciones cotidianas sin un motivo concreto—.
A diferencia de la ansiedad puntual, la persona con TAG no logra desconectar, incluso cuando no hay un peligro real. Es como si su mente siempre estuviera “encendida”, anticipando lo peor.
Síntomas frecuentes
El Trastorno de Ansiedad Generalizada puede manifestarse tanto en el cuerpo como en la mente. Algunos de los síntomas más comunes son:
Psicológicos
Preocupación constante o pensamientos repetitivos sobre el futuro.
Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
Sensación de tensión, nerviosismo o impaciencia.
Miedo a que algo malo ocurra, aunque no haya motivo claro.
Físicos
Tensión muscular o dolor corporal.
Palpitaciones, sudoración o respiración acelerada.
Fatiga o cansancio constante.
Dificultad para dormir o sueño poco reparador.
¿Por qué aparece la ansiedad generalizada?
No hay una única causa, sino una combinación de factores biológicos, psicológicos y contextuales.
Factores genéticos: algunas personas tienen mayor predisposición biológica.
Estilo de pensamiento: tendencia al perfeccionismo o la necesidad de control.
Estrés prolongado: etapas de alta exigencia o cambios vitales importantes.
Experiencias tempranas: haber crecido en entornos impredecibles o exigentes.
En muchos casos, el cuerpo y la mente aprenden a vivir en alerta, como si algo malo estuviera siempre a punto de ocurrir.
Claves para manejar la ansiedad:
Aunque la ansiedad puede sentirse abrumadora, se puede tratar y aprender a gestionarla. La terapia psicológica es uno de los recursos más eficaces para ello.
Algunas estrategias iniciales que trabajamos en consulta incluyen:
Reconocer los pensamientos automáticos que disparan la ansiedad.
Aprender a poner límites a la sobreexigencia y al control constante.
Practicar técnicas de relajación y respiración consciente.
Desarrollar una mirada más compasiva hacia uno mismo/a.
Recuperar el equilibrio entre cuerpo y mente a través de rutinas saludables.
El papel de la terapia psicológica:
El trabajo terapéutico permite identificar el origen de la ansiedad, entender su función y aprender herramientas para afrontarla. No se trata solo de eliminar los síntomas, sino de comprender lo que la ansiedad intenta comunicar y devolverle a la persona la sensación de control sobre su vida.
En terapia, creamos un espacio seguro donde puedes hablar sin juicio, entender tus emociones y aprender a manejarlas con calma y confianza.
Un mensaje final
Vivir con ansiedad no es una elección, pero pedir ayuda sí lo es. Si sientes que la preocupación te acompaña a todas horas o que tu mente no descansa, recuerda que no tienes que enfrentarlo solo/a. La terapia puede ser ese primer paso hacia una vida más tranquila, consciente y en equilibrio.
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